El regreso de las cosas «tontas»

Por qué los jóvenes están dejando de lado sus smartphones para optar por teléfonos «básicos», cámaras y cuadernos.

Si pasas tiempo con gente menor de 25 años, quizá hayas notado algo curioso. A pesar de haber crecido rodeados de tecnología y de haber desarrollado un dominio envidiable de una amplia gama de dispositivos, muchos están dando la espalda a la tecnología inteligente para decantarse por objetos «tontos».

Aunque la palabra «dumb» tiene varios significados (no todos ellos halagadores), en este contexto se refiere a dispositivos que solo pueden hacer una cosa. Así pues, en lugar de utilizar un smartphone para todo —desde buscar información en Internet y usar las redes sociales hasta hacer fotos y crear listas de tareas—, muchos jóvenes están delegando las funciones de su smartphone en dispositivos independientes que solo realizan una función.

Así pues, las cámaras de alta definición de los smartphones están quedando relegadas en favor de las cámaras digitales; las aplicaciones de mensajería repletas de emojis se ignoran en favor de los mensajes de texto a la antigua usanza, y los servicios de suscripción musical se sustituyen por reproductores de MP3. Y en lo que respecta a los calendarios digitales, las agendas y las aplicaciones para tomar notas, muchos jóvenes están volviendo al papel.

Desconexión digital

El deseo de dejar de lado el smartphone en favor de la «tecnología tradicional» surge del reconocimiento, por parte de los jóvenes y adolescentes, de los perjuicios que conlleva estar conectados las 24 horas del día, los 7 días de la semana, y de la tentación de las redes sociales, a la que cada vez resulta más difícil resistirse. Muchos jóvenes han probado una «desintoxicación digital» y han descubierto que disfrutan del respiro mental que les ofrece. Ahora están descubriendo el atractivo de una tecnología más sencilla y tangible, que requiere más reflexión y proporciona una mayor conexión emocional.

«Metí mi móvil en una caja de cartón, lo envolví con tres capas de cinta adhesiva y me despedí de él,» —dijo Caleb, un joven de 19 años, a Yahoo Life—. «Prefiero con mucho escribir sobre mis experiencias en un diario, porque me parece mucho más personal y me sale de forma más espontánea.».

Otro «desconectado digital» es Pascal, que utiliza un Nokia básico para comunicarse, un equipo de música de los de toda la vida para escuchar CD y una cámara digital para hacer fotos. «La calidad de imagen de una cámara digital es infinitamente mejor que la de los smartphones.», dijo. «Además, ahora soy un poco más selectivo a la hora de decidir qué merece la pena inmortalizar, en lugar de limitarme a hacer fotos de todo.».

Pasión por el papel

Las ventajas personales de utilizar lápiz y papel están ampliamente demostradas: el acto de escribir no solo fija la información más profundamente en la memoria, sino que permite a quien escribe reflexionar sobre sus decisiones y llegar a conclusiones que mejoran la comprensión de procesos complejos y la creatividad.

Estos beneficios se están relacionando ahora con el movimiento del «minimalismo digital», en el que un número cada vez mayor de jóvenes y adolescentes están simplificando sus dispositivos en busca de un mayor sentido y de una conexión personal más profunda.

«El minimalismo digital consiste en centrarse en los aspectos más analógicos de la vida cotidiana», explica Caitlin Begg, socióloga afincada en Nueva York. «Los sistemas más antiguos permiten a las personas centrarse en una sola actividad a la vez, en lugar de verse abrumadas por los algoritmos y pasar horas con el móvil.».

Así que la próxima vez que recurras a tu smartphone para hacer algo, deberías preguntarte si podrías hacerlo con algo más sencillo, como el papel. Ese pequeño cambio podría suponer una gran diferencia para tu bienestar.

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