El verano en que dejamos a un lado los móviles

The Summer We Put Our Phones Down

Hubo un tiempo en el que los veranos no se quedaban encerrados en una pantalla, sino que vivían en mapas de papel. Postales, libros de bolsillo ligeramente abombados por la crema solar, barajas y diarios de vacaciones llenos de fotos marcadas y pensamientos a medio escribir.

Este verano, ahora que las notificaciones compiten por cada segundo libre y esos cinco minutos de «doomscrolling» se convierten en horas, redescubre el placer de desconectar y volver a conectar con la naturaleza.

Teoría de la restauración de la atención

Los psicólogos ambientales Stephen y Rachel Kaplandesarrolló la Teoría de la Restauración de la Atención (ART), que propone queatención dirigida(el tipo de atención necesaria para realizar tareas, tomar decisiones y mantener la concentración de forma prolongada) es un recurso cognitivo limitado que se agota con el uso excesivo.

La teoría ART sugiere que la recuperación se produce cuando nos exponemos a entornos que nos involucranatención involuntariaEn cambio, los entornos naturales, como el agua que fluye, los jardines en flor o las nubes que se desplazan, captan suavemente nuestra atención. Este estado, conocido como «fascinación suave», permite que el sistema de atención dirigida del cerebro descanse y recupere fuerzas.

Por el contrario, los entornos digitales resultan atractivos, pero suponen un esfuerzo cognitivo. Desplazarse por los feeds de las redes sociales, ver contenidos de vídeo a un ritmo vertiginoso o jugar a videojuegos muy estimulantes puede dar la sensación de desconectar. Sin embargo, a menudo generan lo que la teoría ART clasificaría como «fascinación intensa», es decir, estímulos que captan por completo la atención y, al mismo tiempo, requieren un procesamiento cognitivo continuo.

En cambio, las experiencias más relajadas y que exigen menos esfuerzo permiten que la mente se distraiga, se recupere y se renueve. ¡Creemos que es hora de salir al aire libre!

El papel como lugar para hacer una pausa

Si lo que la mente necesita para recuperarse es una fascinación suave, entonces algunas de las experiencias más reconfortantes son también las más sencillas y, a menudo, las más «analógicas».

¿Te encanta la fotografía o simplemente quieres conservar los recuerdos del verano de una forma más especial? Plantéate dejar a un lado la abrumadora variedad de ajustes y filtros de los smartphones e invertir, en su lugar, en una cámara analógica o desechable.

Estos formatos más sencillos fomentan un tipo de atención diferente. Puedes capturar momentos con tranquilidad, sin darle demasiadas vueltas a la composición, los ángulos o la iluminación. No hay revisión instantánea, ni repeticiones interminables, ni presión por optimizar la imagen antes incluso de haber vivido el momento.

Las lecturas de playa ofrecen un tipo de evasión similar. Un libro de bolsillo abierto en un tren, en un parque o junto al mar crea un mundo autónomo que no compite por tu atención ni interrumpe tu concentración. No hay notificaciones, ni pestañas entre las que cambiar, ni un desplazamiento interminable que te aleje del momento. En su lugar, solo hay una historia, un ritmo y el lento pasar de las páginas. Es una forma de atención que transmite calma y continuidad.

Juegos de papelLlevar esa misma sencillez a los momentos compartidos. En las terrazas de los bares o en los parques, una hoja de preguntas doblada, una baraja de cartas o una partida rápida al tres en raya en el reverso de un recibo se convierten en una forma sencilla de conectar sin que las pantallas se interpongan. Hay algo refrescante y espontáneo en ello: sin pantallas de configuración, sin recargas, sin aplicaciones, solo conversación, risas y un poco de competición amistosa. Estos pequeños rituales en papel convierten el tiempo de espera en tiempo social, en el que la atención se comparte en lugar de fragmentarse, y el momento se vive plenamente en lugar de con la mente a medias.

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