Entre el 60 % y el 64 % del papel y los envases de papel de EE. UU. se reciclan. [1]
El papel es fundamental para una economía circular, ya que se fabrica con fibras de madera, que son renovables, reciclables y sostenibles. La industria de productos forestales de EE. UU. es el principal productor y consumidor nacional de energía de biomasa renovable y neutra en carbono. Esta bioenergía se produce mediante el aprovechamiento eficiente de los residuos del proceso de fabricación, como la corteza y la biomasa líquida. [2]
La industria papelera estadounidense fue una de las primeras en adoptar medidas voluntarias para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI). En 2020, las empresas papeleras estadounidenses habían reducido las emisiones de GEI (equivalentes de CO₂) por tonelada de producto en un 36 % con respecto a los niveles de referencia de 2005.[3]
Desde principios de la década de 1990, el sector canadiense de productos forestales ha reducido sus emisiones de gases de efecto invernadero en casi un 70 %.1[4]

El papel contribuye a la lucha contra el cambio climático
Una vez recuperado el papel para su reciclaje, se clasifica y se evalúa para determinar los usos finales adecuados. A continuación, el papel recuperado se mezcla con agua para poder recuperar las fibras. Durante este proceso, se eliminan los contaminantes, se limpian las fibras y, si es necesario, se elimina la tinta. La pasta resultante puede utilizarse para producir papel 100 % reciclado o mezclarse con fibra virgen, en función de las características de calidad que se requieran para el producto final.
Optar por el papel y los envases de papel es una forma de contribuir a la lucha contra el cambio climático. Los bosques y los productos forestales desempeñan un papel importante en el ciclo global del carbono. La demanda de productos de papel procedentes de fuentes sostenibles supone un fuerte incentivo económico para que los propietarios forestales gestionen sus terrenos de forma responsable y los mantengan cubiertos de bosque, en lugar de destinarlos a usos no forestales.
La gestión forestal sostenible puede prevenir la deforestación, mantener y mejorar los sumideros de carbono, y contribuir a los objetivos de reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero. La gestión forestal sostenible genera beneficios socioeconómicos y proporciona fibra, madera y biomasa para satisfacer las crecientes necesidades de la sociedad.[6]
- Asociación Americana de la Madera y el Papel (AF&PA), 2022
- Ibíd., AF&PA, 2022
- Ibíd., AF&PA, 2022
- Asociación de Productos Forestales de Canadá, 2022
- Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, 2003
- Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), 2019

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