Si te has dado cuenta de que cada vez más paquetes llegan en sobres de papel en lugar de en sobres de plástico, o de que tus marcas favoritas están pasando a utilizar envases y cajas de cartón, estás siendo testigo de una revolución en el sector del embalaje. En todo el Reino Unido, las empresas están replanteándose cómo embalan, envuelven y entregan sus productos, y el embalaje de papel – cartón está cobrando protagonismo.
Este cambio, conocido en el sector como «fiberización», hace referencia a la sustitución cada vez mayor del plástico por materiales a base de papel. Aunque en un principio estuvo impulsada principalmente por la demanda de los consumidores de alternativas más ecológicas, la tendencia se está acelerando ahora gracias a las nuevas leyes británicas sobre envases, que atribuyen a las empresas una mayor responsabilidad por el impacto medioambiental de lo que producen. Y, a medida que las marcas se adaptan, las cualidades sostenibles del papel (renovable, reciclable y biodegradable) le están proporcionando una clara ventaja.
En virtud de la relativamente nueva legislación británica sobre responsabilidad ampliada del productor (EPR), cuya implantación se inició por fases a partir de 2024, las empresas que suministran o importan envases están ahora obligadas por ley a sufragar el coste total de la recogida y el reciclaje de dichos envases una vez que se convierten en residuos. El objetivo es trasladar la carga financiera y medioambiental de los contribuyentes a los propios productores, fomentando así un mejor diseño y unos envases más sostenibles.
En la práctica, esto significa que los envases deben diseñarse teniendo en cuenta su reciclabilidad. Los materiales difíciles o costosos de reciclar, como los plásticos flexibles o los materiales mixtos, ahora conllevan un coste más elevado en virtud del nuevo sistema de información. Para muchas marcas, esto supone un claro incentivo para optar por el papel y el cartón reciclables, que se recogen de forma generalizada a través de los sistemas de reciclaje doméstico del Reino Unido y que ya cuentan con elevadas tasas de recuperación.
El «Reglamento de 2024 sobre las obligaciones de responsabilidad del productor (envases y residuos de envases)» perfecciona aún más este sistema, estandarizando el etiquetado de reciclaje y la presentación de datos. En respuesta a ello, los principales minoristas y fabricantes están rediseñando todo, desde las tazas de café hasta las cajas de comercio electrónico, para garantizar el cumplimiento de la normativa y reducir los costes.
En la edición de este año del evento «Packaging Innovations 2025», celebrado en Birmingham, la «fibra» fue la palabra en boca de todos. El sector está experimentando un rápido cambio hacia el Packaging de papel, y las empresas están realizando importantes inversiones en nuevos diseños que sustituyen el plástico por fibras procedentes de fuentes renovables. Desde envases para comida para llevar hasta botellas de detergente, las marcas están experimentando con alternativas creativas de papel que no solo cumplen los objetivos de reciclaje, sino que también resultan atractivas para los consumidores preocupados por el medio ambiente.
Este cambio ya se aprecia en las estanterías del Reino Unido. Supermercados como Tesco y Sainsbury’s han introducido opciones de packaging de papel para los productos alimenticios, mientras que las marcas de las calles comerciales están sustituyendo las bolsas de plástico por otras de papel resistentes y reutilizables. El auge de los envases con base fibra no es solo una estrategia de marketing, sino que se está convirtiendo en una necesidad competitiva.
Las ventajas medioambientales del papel están ampliamente documentadas. Fabricado a partir de fibras de madera renovables, es reciclable y biodegradable, y la infraestructura de reciclaje del Reino Unido ya está optimizada para ello. De hecho, según la Confederación de Industrias del Papel, el Reino Unido recicla alrededor del 80 % de todos los envases de papel y cartón, lo que supone una de las tasas de recuperación más altas de Europa.
Pero las ventajas van más allá de la gestión de residuos. A medida que los árboles crecen, absorben dióxido de carbono de la atmósfera y lo almacenan en sus fibras de madera. Cuando esa madera se transforma en papel, el carbono permanece retenido en las fibras hasta que el papel se descompone o se recicla, actuando así como un depósito de carbono. Las prácticas de gestión forestal garantizan que los árboles talados sean sustituidos, lo que mantiene el ciclo natural del carbono y favorece la Biodiversidad.
En resumen, cuando se obtiene de forma responsable, el embalaje de papel – cartón no solo es reciclable, sino que también es regenerativo. Encaja perfectamente en una economía circular, en la que los materiales se renuevan en lugar de desecharse.
El mayor reto para el predominio del papel en el sector del embalaje siempre ha sido la funcionalidad. Los plásticos son, por naturaleza, resistentes al agua y duraderos, mientras que el papel puede tener problemas con la humedad o la grasa. Sin embargo, los recientes avances científicos están cambiando rápidamente esta situación.
Investigadores del Reino Unido y de Europa están desarrollando actualmente recubrimientos a base de lignina, una alternativa de origen biológico a las láminas de plástico. La lignina es un polímero natural presente en la madera y, cuando se utiliza como recubrimiento, puede hacer que el papel sea resistente al agua y al aceite, sin dejar de ser totalmente reciclable. Estas innovaciones hacen que incluso los envases de alimentos y los recipientes para líquidos, un sector que antes dominaba el plástico, sean ahora candidatos viables para la «fibrización».
Por otra parte, los avances en impresión y diseño han hecho que el embalaje de papel – cartón sea más versátil y atractivo que nunca. Desde cajas de cartón texturizadas de alta calidad hasta sobres minimalistas, las marcas pueden ahora ofrecer tanto sostenibilidad como estilo.
Por supuesto, ningún material es perfecto. Aunque la apuesta por el embalaje de papel – cartón supone un gran paso adelante, debe ir acompañada de un abastecimiento responsable y de sistemas de reciclaje eficientes. El aumento de la demanda de fibras no debe provocar la deforestación ni una mala gestión del suelo. Por eso siguen siendo tan importantes certificaciones como la del FSC (Forest Stewardship Council) y la del PEFC (Programme for the Endorsement of Forest Certification), que garantizan que el papel procede de bosques gestionados de forma sostenible.
Las pequeñas y medianas empresas también se enfrentan a retos logísticos a la hora de adaptarse a los requisitos de información de la responsabilidad ampliada del fabricante (EPR). Para algunas, el cambio al Embalaje de papel – cartón conlleva costes iniciales o cambios en la cadena de suministro. Sin embargo, a medida que aumentan las economías de escala y mejora la tecnología, el papel resulta cada vez más competitivo en términos de costes frente al plástico.
Para los consumidores, esta transformación significa que cada vez es más fácil elegir envases sostenibles. Es cada vez más probable que los artículos de uso cotidiano, desde cajas de cereales hasta paquetes postales, lleguen envueltos en papel reciclable o compostable. Pero la concienciación sigue siendo importante. Buscar las etiquetas de reciclaje, evitar los envases de materiales mixtos (como los cartones con revestimiento de aluminio) y reutilizar las bolsas o cajas de papel contribuyen a reforzar la economía circular.
Incluso las pequeñas acciones, como reciclar el papel de regalo o elegir cuadernos con certificación FSC, contribuyen al mismo objetivo general: apoyar a un sector que avanza hacia la sostenibilidad basada en la fibra.
La nueva normativa británica sobre envases está transformando la forma en que las empresas conciben los residuos, y el papel se ha revelado, en última instancia, como uno de los materiales más adaptables y sostenibles que existen. Es renovable, reciclable y ya forma parte de un sistema que funciona.

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